Lo que dice la ciencia de la felicidad

Hace tres meses, un amigo mío compartió una noticia del colegio donde estudia su hijo. La envió en uno de nuestros “pocos” grupos de WhatsApp que tenemos en común.

Todos los del grupo empezaron a responderle acerca de la noticia. Entre comentario y comentario, uno de ellos lanzó el siguiente mensaje: “Los niños deberían de llevar una materia donde les enseñen a ser felices.” ¡Qué profundo se puso este individuo —por no tratarlo de otra forma—!, me dije para mis adentros.

El texto se quedó un poco en el aire, pero luego de unos segundos, varios empezaron a darle vueltas al tema, hasta llegar a diferentes conclusiones, como tratando de responder a la pregunta: ¿qué es la felicidad? 

Las respuestas fueron de lo más variado que se puedan imaginar, y ninguna, desde mi punto de vista, fue algo “nada que ver”. Al contrario, me impresionó mucho conocer los puntos de vista de las otras personas.

Uno de mis amigos dijo: “Para mí, la felicidad es qué tan satisfecho estás con tu vida.” Otro dijo: “Es el estado de ánimo de la persona en ese momento. Por ejemplo, escalar un volcán es motivo de felicidad para quien disfruta hacerlo, solo en ese momento.” Todas, desde mi punto de vista, muy acertadas y todas para reflexionar por un buen rato.

Luego de esa conversación en el chat, unos días después, mientras hablaba en un restaurante con otro amigo —de todo un poco—, salió el tema de la felicidad. Le conté lo que había pasado en el chat y le pregunté, sin pensarlo dos veces, si él era feliz. Tenía mucha curiosidad por lo que pensaba, pues es un tipo inteligente, amiguero, deportista y con plata (esto último no dice nada, pero quise dejarlo porque lo pensé).

Este amigo, de igual manera, sin pensarlo dos veces, respondió directo: “No lo soy.” Pasaron unos segundos y añadió: “Lo tengo todo: estudio en una universidad ‘fina’, me compro la ropa que quiero, tengo amigos, tengo una familia que me quiere, viajo a donde quiero, voy a los restaurantes que quiero, etc., etc.” Tiene su vida resuelta, podríamos decir. Seguimos hablando un poco más, hasta que concluyó con la frase: “La felicidad es tener una vida plena.”

De tantos inputs sobre la felicidad que me llegaron en esos días —del chat de WhatsApp y de lo que hablé con este buen amigo— me puse en la tarea de investigar qué dicen los expertos. Yo tengo mi propia definición “filósica”, al igual que otras personas, pero quería saber qué dice la ciencia y qué dicen esos tipos que se dedican al estudio de la felicidad.

Entre ellos encontré a Arthur Brooks y Tal Ben-Shahar, ambos científicos que investigan, escriben y dan conferencias por el mundo sobre la felicidad. Ben-Shahar enseñó la materia de liderazgo y felicidad en Harvard University, y Brooks lo hace en la actualidad.

Brooks es quizá más conocido por el buen manejo de sus redes sociales y por el libro que escribió junto a Oprah Winfrey, Build the Life You Want.

La estrategia de la felicidad

En el primer día de clases, Arthur siempre les pregunta a sus alumnos qué es la felicidad, y suele obtener respuestas del tipo: “Es la sensación que tengo cuando estoy con mi familia”, o incluso: “Es la sensación que tengo cuando no estoy con mi familia.”

Él les dice que esas respuestas son muy bonitas, pero que son incorrectas. La felicidad no es una sensación. Los sentimientos son evidencias de la felicidad. Si te mantienes buscando sentimientos, estarás buscando toda tu vida y no tendrás éxito en ser feliz. Los sentimientos, claro, giran alrededor de la felicidad, pero no son lo más importante.

Para Arthur, la felicidad es una combinación de tres cosas: disfrute, satisfacción y sentido. Esas son las tres características que tienen las personas realmente más felices que las demás.

Disfrute

El disfrute no es lo mismo que el placer, y el placer por sí solo no conduce a la felicidad. Mucha gente piensa que sí. Mucha gente tiene la estrategia de aumentar siempre el placer, de buscar el placer, pero eso es una equivocación muy, muy grave.

Una comparacion directa para distinguir el disfrute y el placer es la siguiente:

Aspecto Placer Disfrute
Duración Corta, instantánea Larga, deja huella
Naturaleza Sensorial, impulsiva Consciente, reflexiva
Fuente Externa (objeto o estímulo) Interna (significado, conexión)
Química cerebral Dopamina (expectativa, adicción) Serotonina/Oxitocina (satisfacción, vínculo)
Efecto Hambre de más Paz y plenitud
Ejemplo Scroll en redes, comprar, comer rápido Conversar, crear, contemplar, agradecer

“Para tener felicidad tienes que elevar el placer hacia el disfrute y esto lo consigues con dos cosas: gente y memoria. 

Brooks dice que, si buscas el placer únicamente por sentir placer, terminarás como un adicto. Pone ejemplos como la heroína, el bingo o la pornografía: no es que sean “malas” solo por una cuestión moral, sino porque no aumentan la felicidad y, además, pueden destruirte la vida.

Pero aclara algo importante: no se trata de eliminar el placer, sino de agregarle dos componentes fundamentales: los demás y la memoria. Por eso les dice a sus alumnos que, si estás haciendo algo que te da placer y lo haces completamente solo, lo estás haciendo mal.

Agrega que hay muchas actividades que también puedes hacer solo —como rezar o caminar por el bosque— y aun así producir disfrute. No es una lección moral. Tiene que ver con la neurociencia, con la forma en que el cerebro transforma el placer superficial en una experiencia que realmente deja huella.

Satisfacción

La segunda parte de la felicidad es la satisfacción. Es la alegría que tienes después de haber luchado por algo. Cuando te sacrificas, cuando tienes dolor, cuando trabajas mucho y finalmente alcanzas una meta, entonces aparece la satisfacción.

El error que cometemos cuando llegamos a la meta soñada es pensar que esa sensación durará para siempre… y no dura. Brooks se pone como ejemplo. Dice que, aunque estudia y enseña estos temas, nunca aprende del todo. Le encantan los autos: tiene casi 60 años y, aun siendo experto en la materia, sigue cayendo en lo mismo. Cuenta que compra un carro y piensa: “Este auto es fantástico, voy a disfrutarlo para el resto de mi vida.” Lo compra… y al cabo de un mes ya es un carro más.

“Nunca aprendo”, dice. ¿Por qué? Porque la naturaleza nos miente. Nos dice que vamos a disfrutar algo para siempre: el auto, la casa, el trabajo, el dinero, el matrimonio, etc.

Es curioso, pero estamos constantemente persiguiendo una satisfacción que permanezca para siempre… nos autoengañamos, porque la naturaleza miente.

Pero no todo es para cortarse las venas. Brooks indica que sí existe una manera de tener una satisfacción que realmente dure, pero para eso tienes que tener el valor de ir en contra de la naturaleza. La naturaleza te ofrece el sendero animal. Pero hay que buscar el sendero divino —o, si se quiere, el sendero verdaderamente humano.

La naturaleza nos da una fórmula muy simple para la satisfacción: tener más. Más dinero, más poder, más placer, más fama, más followers en Instagram, más de todo: más relaciones, más posesiones, más, más. Pero esa fórmula es falsa, porque no dura.

Para tener una satisfacción que sí perdure, debes usar otra fórmula: lo que tienes ÷ lo que quieres (deseas)Es decir, es una fracción. Naturalmente tendemos a maximizar lo que tenemos, pero el verdadero truco está en mirar el denominador: necesitamos una estrategia para minimizar lo que queremos. Es mucho más eficaz y mucho más duradero.

Por ejemplo —este me lo he sacado de la manga—, imagina que en el numerador tienes un valor de 80 (tu trabajo, tus proyectos, tu dinero, tu relación, etc.) y que en el denominador tienes 400 (reconocimiento masivo, otra casa, otro auto, más validación social, etc.). La satisfacción sería 0.20.

Pero si reduces tus deseos —el denominador— a 100, ya tienes cuatro veces más satisfacción. No porque tengas más… sino porque quieres menos.

Sentido

Pero ahora llegamos al elemento, al macronutriente de la felicidad más difícil: el sentido. El sentido de la vida.
Yo puedo pasar mucho tiempo sin disfrute, puedo pasar mucho tiempo sin satisfacción. Pero un solo día sin sentido… no puedo ser feliz ni una hora, dice Brooks.

El sentido de la vida es responder a la pregunta: ¿por qué de tu vida? ¿Cómo lo encuentras? Uno podría imaginar que tienes que ir a una cueva en los Himalayas, buscar a un gurú y preguntárselo. Naaa…

En realidad es mucho más simple. El sentido se descubre respondiendo tres preguntas de coherencia:

1. ¿Por qué las cosas pasan como pasan? (coherencia con tu historia y tu realidad)

2. ¿Cuál es la dirección de mi vida? (propósito)

3. ¿Qué significa mi vida? (significancia)

Eso es todo. No es misticismo, no es magia: es claridad.

Crisis de sentido de la vida

¿Cómo saber si tienes una crisis de sentido de vida? La crisis es esta: “No sé por qué estoy vivo y no sé por qué nada.”

Tienes una crisis de sentido si no puedes responder dos preguntas esenciales:

1. ¿Por qué estoy vivo?

2. ¿Por qué sacrificaría mi vida ahora mismo, en esta hora?

Si no puedes contestar, significa que estás en una crisis. No hay una única respuesta correcta: cada persona tiene la suya. Pero lo importante es que puedas responderlas.

Brooks pone el ejemplo de la vida de su hijo. Antes de entrar a la universidad tenía problemas de notas, siempre estaba suspendiendo las asignaturas. Su esposa decía: “Por lo menos sabemos que no está haciendo trampas.”

Después, cuando finalmente fue a la universidad, Arthur cuenta que le preguntó a su hijo: “¿Cuál es tu plan? Me tienes que hacer un business plan de tu vida, porque tú eres un emprendedor. Yo soy el venture capital. Si voy a invertir, quiero ver tu business plan.”

Él hizo un business plan, pero no quería hacerlo. No tenía ganas, aunque decía: “Voy a ir a la universidad y voy a estudiar.” Yo le dije: “No, no lo vas a hacer. No me lo creo.”

En su business plan decía que quería ser granjero. Y, de hecho, después de un año siéndolo y ganando mucho dinero… se apuntó a los Marines. Mi hijo estuvo cuatro años como francotirador en las fuerzas de operaciones especiales de los Marines de Estados Unidos.

Pero cuando salió, tenía respuestas. Tenía sus respuestas.

Ahora, está casado, su esposa espera su primer hijo, trabaja en una compañía de construcción… y tiene, por fin, claridad.

Carlitos, ¿por qué estás vivo?

—“Porque Dios me ha hecho para servir.”

¿Para qué sacrificarías tu vida?

—“Para mi familia, para mi fe, para los Marines, para los Estados Unidos y para nuestros aliados.”

Son buenas respuestas. No son tus respuestas, ni tienen por qué serlo. Eso no es lo fundamental. Lo fundamental es que tengas respuestas. Porque mi hijo —por primera vez en su vida— es feliz.

Estos son los tres elementos, los tres macronutrientes de la felicidad. Y todos tenemos la responsabilidad de mirar nuestra vida a la luz de ellos.

Tenemos que buscar más disfrute, más satisfacción y más sentido. ¿Podemos hacerlo? Sí, y realmente podemos. Es cuestión de conocer la fórmula y de buscar, con corazón, la manera de aplicarla.

Hábitos de la felicidad

Brooks dice: “Voy a sugerir algunas maneras de hacer esta búsqueda un poco más fácil, y lo haré observando a la gente que la ha encontrado mejor.”

Si, resulta que las personas que tienen más felicidad comparten ciertos hábitos en común —hábitos propios de quienes tienen más sentido de vida, más satisfacción y más disfrute— entonces vale la pena prestar atención. Porque esas personas hacen cosas particulares.

Podríamos pensar que hay diez mil hábitos… pero, en realidad, hay cuatro. Cuatro hábitos muy específicos que todas las personas más felices tienen en común: la fe, la familia, la amistad y el trabajo

A continuación, Brooks lo explica de una manera sencilla y genial.

Primer elemento: la fe

Cuando digo fe, no me refiero necesariamente a mi fe. Yo soy católico, es la cosa más importante de mi vida. Totalmente. Antes que todo, está mi fe. Pero, como científico, puedo asegurar que hay muchas maneras de buscar la trascendencia, enfatiza Brooks. Tienes que tener paz y perspectiva. Y la única manera de lograrlo es hacerte pequeño y hacer el universo grande. Para eso necesitas una “técnica” de trascendencia.

Hay muchas maneras de hacerlo. Quizá estudias la filosofía de los estoicos, quizá caminas por el bosque una hora antes de amanecer (sin teléfono), quizá estudias las obras de Johann Sebastian Bach y su genio, quizá practicas meditación, etc.

Todas son formas válidas de elevar la mirada y entrar en contacto con algo más grande que uno mismo. Pero tienes que tener algo. Tienes que tener algo que te haga más pequeño cada día. Eso es lo primero.

Segundo elemento: la familia

La familia es algo muy místico, porque son conexiones súper importantes que no hemos elegido… y que, en muchos casos, no elegiríamos. ¿Es verdad? No. Pero aun así, es una fuerza profundamente poderosa en nuestras vidas.

Piensa en esto, dice Brooks: tienes una crisis muy grave y llamas a un familiar a las tres de la madrugada. ¿Va a contestar el teléfono? Sí, claro que sí. ¿Por qué? Porque la familia es una realidad que no tiene sustituto en nuestras vidas.

Tercer elemento: la amistad

La sensación de soledad está aumentando en todo el mundo. Y no es porque falte gente alrededor… es porque muchas personas no tienen amigos de verdad. Tienen deal friends, no real friends.

Y sabes perfectamente la diferencia: transacción versus autenticidad.

Los deal friends son útiles… muy útiles.
Los real friends son “inútiles”.

La cosa más bonita que le puedes decir a un amigo es: “¿Sabes una cosa? Para mí eres completamente inútil… y por eso te quiero.”

Porque la amistad verdadera no sirve “para algo”. Es algo.

Cuarto elemento: el trabajo

El trabajo tiene dos aspectos muy importantes.

El primero es el éxito obtenido. Éxito ganado quiere decir que estás creando valor con tu vida y que ese valor es reconocido. Por eso el mérito importa. Los sistemas que no premian el mérito son malos sistemas: son sistemas que no generan felicidad.

El segundo aspecto del trabajo —igual de importante— es servir a los demás. Sentir que tu trabajo ayuda, que tu esfuerzo aporta, que alguien te necesita. La dignidad viene precisamente de ser necesitado.

Es así de simple y así de profundo: la gente que no se siente necesitada, no siente dignidad.

La felicidad no es absoluta

Quiero sumar algo a lo que acabo de decir, indica Arthur Brooks: puedes ser más feliz, no “ser feliz” en un sentido absoluto. La felicidad absoluta no se puede obtener.

Vamos a tener experiencias negativas; de hecho, tenemos que tener experiencias negativas. Necesitamos cierta infelicidad en nuestras vidas para aprender, para crecer y para fortalecernos.

Además, las emociones negativas cumplen una función fundamental: nos ayudan a sobrevivir.

Es parte de la vida, realmente. En el cielo, teóricamente, puedes ser plenamente feliz, pero en la tierra no. Aquí lo que puedes es ser más feliz.

Y para llegar a más felicidad tienes que conocer la ciencia, la filosofía, las ideas… y tener sentido común. Al final, eso es exactamente de lo que hemos estado hablando, infatiza Arthur.

Puedes compartir estas ideas con los demás, sí, pero antes tienes que pensar profundamente en tu propia vida:

¿Estás buscando el placer… o el disfrute?
¿Estás buscando tener más… o querer menos?
¿Tienes respuestas a las dos preguntas fundamentales?
¿Tienes fe, familia, amistad?
¿Estás buscando un trabajo que combine éxito ganado y servicio a los demás… o no?

La felicidad crece cuando tú creces. Y crece cuando ajustas la mirada hacia lo que realmente importa.

Son preguntas que tenemos que hacernos mientras vivimos día tras día. Y, cuando pensamos así y compartimos estas ideas con los demás, realmente podemos elevar la felicidad en nuestra vida y también en la vida de la gente a nuestro alrededor.

¿Está al alcance de la mano ser feliz?, ¿Soy feliz?

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